Tu dulce aliento anticipa en mi boca lo que será el nacimiento de un beso, nuestros parpados cerrados avanzan ciegos apoyados en el lazarillo de la respiración; el eterno primer contacto explora las delgadas líneas de los labios donde se entrelazan juguetonas gotas amorosas que intercambian el sabor de nuestras almas. Prematuro, el beso que ha comenzado con delicadeza, en instantes se muestra con cierta rudeza al acelerarse el ritmo de tus manos perdidas en el cuerpo ajeno, y de repente, tu lengua; sin intimidarse avanza cual serpiente en cacería de su presa, y coquetea con la mía que responde presurosa, saboreando cada rincón del interior de tu boca. Adolescente aún, acompañando el roce de los cuerpos, el beso va madurando mientras labios fundidos en un único ser, continúan el fluido intercambio de sensaciones que aumentan el placer, provocando un adulto sentimiento de lujuria que nos incita a encontrar lo que ocultamos bajo la ropa. Al ritmo de las emociones, el adulto beso que ha explorado cada poro de la piel, tiende a envejecer, no cansado, si extasiado. Separamos nuestros labios, robándonos la esencia mutua como un recuerdo que se ha grabado; es la evitable muerte de un beso entre amantes sonrojados, es la evitable muerte de un beso que sin embargo se hace eterno en la búsqueda de la resurrección, cuando nosotros amantes, volvamos a encontrarnos para colmarnos en gustosa pasión.
jueves, 22 de julio de 2010
23:50
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